La Presidenta objetó a los que critican la relación con Chávez
"Hay intereses políticos y económicos detrás", dijo; el Gobierno le restó importancia a Sadous

El Gobierno intentó ayer restarle importancia a la declaración del ex embajador en Venezuela Eduardo Sadous en el Congreso y apuntó a resaltar que todo se trataba de una puesta en escena para perjudicar a la Casa Rosada.
La presidenta Cristina Kirchner, de hecho, sugirió anoche que existían "intereses políticos y económicos" detrás de las críticas a la relación comercial con Venezuela. Sin hablar explícitamente de Sadous, dijo: "Todos sabemos lo que pasa cuando uno tiene distintos posicionamientos". La opinión de la jefa del Estado surgió cuando la Presidenta defendía ante los medios el comercio bilateral con Caracas en un acto en Costa Salguero con productores avícolas.
La presencia del ex representante diplomático que denunció la existencia de una embajada paralela a cargo del ministro de Planificación, Julio De Vido, se vivió con expectativa y preocupación ante la posibilidad de que pudieran surgir nuevas revelaciones.
A medida que pasaban las horas y Sadous terminaba de exponer, las repercusiones llevaban algo de tranquilidad a Balcarce 50 ante la poca información novedosa que trascendía de la declaración. "No dijo nada nuevo", se defendía un vocero oficial.
Ayer, en la cartera que conduce De Vido dijeron a LA NACION que la declaración de Sadous carecía de importancia. "Todo lo que se dijo es falso y ya lo explicamos cuando el embajador fue a la Justicia. Esto apunta a un tema político para desprestigiarnos", dijeron voceros del ministro, que se mostraron despreocupados ante la posibilidad de que el funcionario fuera citado por la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados tras la presencia del embajador. De todas maneras, anticiparon que si lo citan, irá a declarar como lo hizo ante otras comisiones.
El Gobierno intentó por varias vías desprestigiar las palabras de Sadous. La presión llegó a tal punto que la idea que circuló el fin de semana fue prohibirle al embajador asistir a la Cámara de Diputados. Pero el alto costo político que podía tener esa medida, ante la autorización que había dado el saliente canciller Jorge Taiana, motivó la "libertad de acción" que propaló todo el arco oficialista.
Ayer, minutos antes de que el diplomático llegara al Congreso, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, insistió en el argumento oficial. "En su condición de funcionario hay informaciones que le son propias al Estado y la legislación argentina las resguarda, con lo cual, salvando esa situación propia de la responsabilidad de todos los funcionarios, tiene las libertades propias de cualquier ciudadano de expresarse libremente", advertía temprano Fernández en declaraciones radiales.
Además, el funcionario negó la existencia de la "embajada paralela" y adjudicó ese razonamiento a "algunas mentes chiquitas".
"Nada se hizo nunca jamás por fuera de la Cancillería", sostuvo el jefe de Gabinete, aunque horas después Sadous ratificó ante los diputados que era De Vido quien definía quién podía exportar o no hacia Venezuela.
El mismo argumento había usado el nuevo canciller, Héctor Timerman, que dijo que la embajada paralela sólo existía en "la mente de los periodistas".


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