El miedo como instrumento político
El gobierno puso en marcha un plan de intimidación paulatina para manipular la opinión pública. Desde la violencia urbana hasta cortes de ruta a la espera de un mejoramiento de las posibilidades electorales cada vez más confusas.
El proceso político ingresó en su fase preelectoral cargado de confusiones, contradicciones, versiones de distinta naturaleza y hechos que producen efectos que rápidamente se modifican y orientan los acontecimientos hacia un nuevo e incierto rumbo, a veces inesperado y otras previsto aunque resulte cambiante poco después.
Los sucesos políticos de mayor envergadura incorporaron plenamente a un nuevo actor de peso: el sector empresario en todas sus manifestaciones, aunque precedido de escarceos que se prolongaron a lo largo de los últimos meses. Esta faceta del escenario que ahora vive la República comenzó a instalarse a partir de la derrota del oficialismo cuando intentó imponer a través de la fracasada resolución 125, una ampliación asfixiante a las retenciones agropecuarias. A partir de ese momento el campo argentino, con toda su carga cultural, telúrica, emocional y económica se ganó el derecho de ocupar un puesto de vanguardia en el enfrentamiento al drama que viven los argentinos. A partir de esa noche histórica nada fue igual y Néstor Kirchner, con su fino e innegable olfato para estas cosas, intentó diversas maniobras para distanciarse de esa derrota que se tradujo en otra igualmente importante: el primer fracaso electoral de las elecciones de renovación parcial del Parlamento. Aunque la ineptitud de la oposición le permitió a Néstor Carlos Kirchner reaccionar al poco tiempo y concretar iniciativas a su favor, la realidad comenzó a demostrar que las cosas ya eran distintas. Con notable esfuerzo y costo financiero para comprar voluntades legislativas -clara expresión de la decadencia en que estamos inmersos- el Poder Ejecutivo recuperó poco a poco su capacidad de maniobra pero como si fuera una espiral, el costo era cada vez mayor, las coimas que debía pagar se mostraron más caras y el presidente de hecho, Néstor, comprendió que los respaldos obtenidos eran inseguros en el tiempo y en las formas.
Consecuentemente, apuntó a conquistar algo tan fundamental para cualquier emprendimiento político, como son los medios de comunicación. La víctima elegida era -y es- la opinión pública y así nació la frase extemporánea “¿qué te pasa Clarín?”
El enemigo había sido elegido y en ese ataque quedó involucrado la totalidad del periodismo, ámbito vital para prolongarse en el poder. Las cosas comenzaron, entonces, a deslizarse cada vez con mayor dificultad pero durante toda ese período y pese a los reclamos que surgían de las mismas páginas editoriales, el empresariado parecía mantenerse ausente del dramático deterioro en que se sumergía el país y se conocía simultáneamente, negociados, aprietes que alteraron la normalidad comercial y aparecieron las denuncias que forzaron, poco a poco, una intervención progresivamente afirmada de la Justicia. Esto inauguró otra escalada centralizada en el desprestigio de la corrupción que colocó a la Argentina de hoy en niveles de corrupción similares a los de ciertas republiquetas africanas.
Los principales componentes del miedo
Coincidentemente, en las más altas esferas oficiales se evaluó que algo debería hacerse para evitar un derrumbe electoral en 2011 que pondría no en riesgo sino en un nivel de certidumbre los severos castigos legales a los que debería someterse buena parte del actual elenco gobernante. Las palabras "coimas", negociados, narcotráfico se rodearon de sucesos trágicos y criminales y muchos creyeron que el kirchnerismo se precipitaría rápidamente en el abismo. Obviamente no fue así pero lo herida en el ala ya se había producido. Replegado sobre sí mismo y mientras su mujer amparada por el título de Presidente de la Nación aceleró la costumbre de acumular palabras en largos discursos y declaraciones intrascendentes no ajenas a circunstancias determinantes de verdaderos papelones, Néstor Carlos se dedicó a elaborar un proyecto con el asesoramiento de dos personajes residentes en el exterior -Ernesto Laclau y Chantal Muffet- que cada vez más seguido viajaron a la Argentina, se reunieron con el grupo Carta Política que le da un mínimo de sustento doctrinario al kirchnerismo y como culminación de tantas elucubraciones surgió la estrategia del miedo. ¿Qué hacer? Lo primero, lanzar rumores y a continuación producir hechos elocuentes. La lista es larga pero mencionaremos los principales componentes en una sucesión telegráfica para su mejor comprensión: 1) Los rumores más estrafalarios pero no desajustados de la verdad que ingresaron en la mente de los argentinos que en un comienzo se resistían a aceptar su contenido; 2) después aparecieron las forzadas exteriorizaciones de un problema inexistente en la Argentino: el indigenismo con su parte de certidumbre ubicada en una oscura oficina londinense -la misma capital donde viven Laclau y Muffet- que administra y distribuye los fondos para lo que aparece como una rebelión de mapuches presunta y falsamente originarios. Se ocupan campos, aparecen armas y relatos de violentos encontronazos, de capillas que deben abandonarse y establecimientos agropecuarios ocupados, sucesos todos estos que desaparecen como por arte de magia de los medios de comunicación pero cuyo mensaje de alarma llega de boca en boca y queda latente con la amenaza que sube desde el sur y dice que "llegaremos hasta Buenos Aires"; 3) concurrentemente, la presidente de la República se abraza y avala a la activista Milagro Salas que en el norte, Jujuy más precisamente, instaló su cuartel general con policía propia, con la policial provincial amedrentada y el gobernador, sumiso, atado de pies y manos. En las rutas se cobra peaje, también surgen armas, el narcotráfico alimenta esta aventura entre las fronteras argentino bolivianas, se conoce que en varias provincias existen núcleos similares que responden a la misma dirigente hasta que desde hace un tiempo ya operan en el populoso distrito de La Matanza, a escasos minutos del centro de la Capital Federal, elementos que responden a Salas. Militares venezolanos protagonizan noticias y rumores jamás desmentidos y en tanto se lanzan hacia la opinión pública detalles de armas y recursos financiero suministrados por el poder central, los hechos se mantienen dentro de un marco de mínima prudencia para que la alarma no se precipite antes de tiempo. 4) De manera simultánea crece el delito común que adquiere sospechosos matices políticos a juzgar por los bancos e instalaciones militares donde estallan bombas o se producen ataques para robar armas. Las novedades se publican y luego se esfuman en la bruma de una duda que se angosta. Se difunde una estadística de hechos, listados de armas robadas y diariamente se incrementan sucesos terroríficos que exponen una violencia como nunca se conoció. El acostumbramiento tiende a disimular este aspecto de la realidad hasta que otro hecho actualiza de golpe el problema en crecimiento. Barrios cerrados son vulnerados con lo que psicológicamente se instala lentamente otro aspecto del miedo: no hay lugar seguro donde refugiarse. La policía, desmoralizada, se encuentra limitada para actuar y la justicia deja en libertad a los menores utilizados por delincuentes adultos. Amparados por la legislación vigente que nadie se atreve a modificar, ambos quedan en libertad y son pocos los casos donde la represión logra el éxito. 5) Paralelamente prosiguen las detenciones y juicios arbitrarios e inconstitucionales contra militares, personal de seguridad e incorporándose poco a poco a civiles en este proceso que no sólo no concluye sino que se engrosa con anuncios surgidos desde la órbita oficial en el sentido de que esta persecución a quienes representan o representaron un aspecto del orden y la seguridad públicas, serán detenidos, acusados, procesados y condenados. Alterada de esta manera toda posibilidad de encontrar una solución, esa alteración recibe un nuevo impulso con los piquetes, ocupaciones, amenazas y declaraciones de personajes amparados política y abiertamente por el gobierno. La población, la ciudadanía, llena sus conversaciones con rumores adicionales, cálculos acerca de las perspectivas de un agravamiento de la escena y se llega al convencimiento de que inevitablemente se impondrá un proceso contestatario de incierto desenlace.
Desde los poderes públicos nada se hace para revertir este convencimiento y durante su desarrollo las dirigencias políticas se limitan a actuar dentro de los parámetros normales de la competencia que hace a su vocación. Sin embargo, aún nadie o muy pocos reflexionan que el kirchnerismo jamás se resignará a dejar el poder mediante el juego de la normatividad institucional, que atarse a ésta es un camino de vía muerta y que el desafío pasa por otros parámetros. La experiencia ha demostrado que la capacidad de iniciativa del virtual presidente de la Nación, Néstor Carlos Kirchner, siempre está un paso adelante de las estrategias que puede pergeñar la oposición que, curiosamente, se empeña en mantenerse desunida e incluso a dejar de lado la especulación que instala la certeza en la medida que se reflexiones: aún cuando triunfara electoralmente, el kirchnerismo, desde un segundo puesto, no dejará gobernar a cualquiera que milagrosamente resulte victorioso.
El ingreso del empresariado al ruedo
Algunas mentes lúcidas parece que entendieron cuales son las reglas de juego. Consecuentemente, el ingreso del empresariado a este escenario peligroso debe seguirse con especial atención. La aparición pública de los principales -y últimos- grandes industriales nacionales que no sólo no ocultan su preocupación sino que la difunden en busca de una respuesta positiva, es algo más que una señal. Los contactos políticos no ocultados, abiertos a la consideración de todos, poseen un contenido de inocultable importancia; la respuesta con insultos desde los niveles más altos del poder al discurso del presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Luis Biolcati, impone un severo toque de atención porque también involucran a los políticos o sindicalistas que lo respaldaron con su presencia y ahora, frente a todos estos elementos de juicio de bulto, la misma presidente Cristina se ocupó de agredir al campo como si fuera una reacción infantil ante todo lo que ocurre. Los industriales no dejan de advertir por distintos medios no muy indirectos, que están entre las principales fuentes ocupacionales, algo más que un detalle frente a la desocupación monumental que afecta social y económicamente a los argentinos. De allí las dádivas multimillonarias con que el kirchnerismo concurre a los barrios con camiones cargados de mercadería al mando de Alicia Kirchner en una clara vulneración de las reglas pre electorales. Ávidas, las manos se extienden para recibir lo que no pueden adquirir y mientras hasta ahora este espectáculo no encuentra los rechazos que merece desde el ámbito partidocrático, el campo comienza a movilizarse nuevamente acicateado adicionalmente por la amenaza de un proyecto de colectivización que ya fracasó estruendosamente hace muchos decenios en otras partes del mundo.
Pero como hace poco se dijo en estas mismas columnas, esto no es todo. Dentro de pocos días, el 24 del mes, precisamente, caerá el plazo establecido por la ley para que el Ejecutivo pueda disponer de la delegación de los poderes especiales cedidos por el Congreso. Más de un centenar largo de leyes y resoluciones penden de una situación que puede generar un vacío jurídico si la oposición legislativa no tiene la fuerza suficiente para reemplazar esta arquitectura legal. Si esto ocurre, en uso de una arbitrariedad suficientemente comprobada, el gobierno continuará como si nada sucediera y de esa manera la ajuricidad, ilegalidad o como se prefiera definirlo, se sumará a la grave patología de la que en algún momento futuro, los Kirchner y sus colaboradores deberán rendir cuentas.


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